Spielberg y su último encuentro extraterrestre: 'El día de la revelación'

El director de Tiburón y E.T. mezcla ciencia ficción y thriller de persecuciones, y se pregunta: si se descubre que existen los alienígenas, ¿cómo lo afrontará la humanidad?
Ningún director ha hablado tanto y tan bien del contacto entre humanos y alienígenas como Steven Spielberg: desde Encuentros en la tercera fase (1977) hasta la tierna E.T. (1982), la apocalíptica La guerra de los mundos (2005) o incluso su presencia secundaria en Inteligencia Artificial y la cuarta Indiana Jones, sin olvidar sus labores de producción de Super 8 (2011). No en vano, el veterano realizador de Ohio (1946) arrancó su carrera a los 17 años con un cortometraje, Firelight (1964), que trataba de un avistamiento ovni. Ahora, a punto de cumplir los 80, retoma el que probablemente sea su tema favorito en El día de la revelación, donde se pregunta cómo reaccionaría la Humanidad a la existencia de otra forma de vida inteligente. ¿Qué sucedería con las religiones, con los conflictos bélicos, con todo lo que conocemos? Después de dos joyas muy aplaudidas por la crítica pero ninguneadas por el público (Los Fabelman apenas recaudó lo que costó; West Side Story perdió más de 30 millones de dólares), el llamado Rey Midas de Hollywood se reivindica con una obra que solo podría firmar él: una mezcla de ciencia ficción, aventuras y thriller de persecuciones, cargada de tensión y escenas frenéticas, pero también de reflexiones morales y un humanismo marca de la casa. La prensa ya la pone por las nubes, y las previsiones de taquilla apuntan al primer blockbuster del verano de 2026.
En la trama, un brillante matemático (Josh O'Connor, conocido por Challengers) tiene en su poder documentos secretos que podrían cambiar la Historia, pero la corporación para la que trabajaba le persigue para silenciarlo, liderada por su ex jefe (Colin Firth). Resulta que, desde hace décadas, el Gobierno ha ocultado pruebas sobre los alienígenas para no provocar el caos mundial (en un contexto político muy tenso, cercano a una posible III Guerra Mundial). Pero él está empecinado en contar la verdad, aunque eso ponga en riesgo a su pareja. Por su parte, una meteoróloga de la televisión local (Emily Blunt, en su mejor papel desde Un lugar tranquilo) un día empieza a entender todos los idiomas, a saber leer las emociones de los demás y, durante una intervención en los informativos, a hablar una lengua gutural desconocida e incomprensible. ¿Es capaz de comunicarse con ellos? ¿La están utilizando como intermediaria? Los caminos de estos dos personajes de a pie están destinados a cruzarse.
A partir del esquema narrativo del cine de persecuciones setentero, Spielberg introduce una intriga política sobre el control de información, como en Los archivos del pentágono. Y lo aliña todo con jugosas escenas de acción, puro ritmo y entretenimiento, y con su inimitable don para el asombro: la pantalla grande cobra sentido gracias a sus imágenes sublimes, a su puesta en escena, su cámara virtuosa. Pero el autor de Múnich o La lista de Schindler también brilla por otras virtudes igual de importantes: la emoción, la complicidad con el espectador, el retrato de nuestra sociedad (las fake news, el descreimiento, las redes sociales, el miedo al diferente) y su defensa de la empatía. Para él, solo si nos esforzamos en entender al otro podemos rebajar el odio y construir un futuro mejor.




