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Sorogoyen dirige a Bardem en 'El ser querido'

Poster de Sorogoyen dirige a Bardem en 'El ser querido'
Por Javier Heras
La cuarta entrega de la saga de Tom Holland, sin perder un ápice de acción, es la más intimista, con un Peter taciturno después de que sus seres queridos lo hayan olvidado

Dos nombres indispensables del cine español suman fuerzas en El ser querido, que acaba de estrenarse en salas el 26 de agosto. Por un lado, Javier Bardem, primer intérprete de nuestro país que alzó el Oscar (por No es país para viejos en 2008), al que ha sumado otras tres nominaciones (Antes que anochezca en 2001, Biutiful en 2011, Being the Ricardos en 2022) y nada menos que seis Goya, por papeles tan icónicos como los de El buen patrón, Mar adentro o Los lunes al sol. A la lista de directores prestigiosos con los que ha trabajado se suma ahora el madrileño Rodrigo Sorogoyen (1981). Viene de arrasar en los Goya con As bestas (nueve galardones), que aparte de enamorar a la crítica conquistó al público español (casi un millón de espectadores) y al francés (más de 300.000). Se le suele asociar al género policiaco, tan crudo y tenso como Que dios nos perdone o la magnífica serie Antidisturbios, pero también domina el drama, como demostró en su ópera prima (Stockholm), en la premiadísima El reino (siete Goya), en la serie Los años nuevos y ahora en El ser querido, un estudio psicológico sobre la familia, el vínculo y la culpa. Que es, a la vez, un rotundo homenaje al séptimo arte.

En la trama, un famoso -y muy autoritario- director de cine (Bardem) regresa de EEUU a España para rodar con su hija (Vicky Luengo, conocida por Suro o Antidisturbios), una actriz estancada que sobrevive poniendo copas. No ha sabido nada de él en décadas; su vínculo está roto. Ahora él dice que quiere ayudarla (¿esconderá otras intenciones?). El punto de partida puede recordar a la reciente Valor sentimental, del noruego Joachim Trier, aunque Sorogoyen le inocula ese clima de hostilidad tan suyo. La violencia latente, siempre a punto de estallar, caracteriza su filmografía, ya sea en un thriller rural con ecos del Peckinpah de Perros de paja o, ahora, en un drama de interiores. El guión, escrito a cuatro manos con su fiel Isabel Peña, construye a dos personajes creíbles y complejos, y habla de las heridas sin cerrar, de la falta de comunicación, del abuso de poder, del rencor por la ausencia, de los intentos de reconciliarse. Por si fuera poco, el proyecto tiene lugar en el Sáhara, lo que da pie a profundizar en el abandono de esa región por parte de España. Sorogoyen siempre arriesga y nunca se repite, y en El ser querido sorprende por su virtuosismo formal, no solo con sus característicos encuadres cerrados, muy asfixiantes, sino también por un juego de texturas que alterna formatos, color y blanco y negro.