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Meryl Streep ¿pide ayuda? a Anne Hathaway

Poster de Meryl Streep ¿pide ayuda? a Anne Hathaway
Por Javier Heras

Las protagonistas de 'El diablo viste de Prada' regresan veinte años después en la secuela de la comedia sobre el mundo de la moda, hoy en plena crisis editorial.

Sigue siendo icónica veinte años después: sus looks, sus diálogos afilados, sus personajes llenos de carisma, con la viperina Miranda Priestly a la cabeza. En El diablo viste de Prada 2, regresa todo el elenco (Anne Hathaway, Meryl Streep, Emily Blunt, Stanley Tucci), así como su director (David Frankel, responsable de Belleza oculta o Band of Brothers) y su guionista, Aline Brosh McKenna, que ya llevó a buen puerto la primera entrega a partir del libro homónimo de Lauren Weisberger. La que fuera asistente de Anna Wintour (mandamás de Vogue) narraba la llegada a Manhattan de una tímida aspirante a periodista que, al trabajar para la implacable directora de una revista de moda, acababa fascinada por el mundillo. Con un tono de comedia elegante y ácida, El diablo viste de Prada (2006) funcionó bien sin llegar a arrasar en taquilla (326 millones de dólares con un presupuesto de 35, aunque no entró en el top 10 de un año liderado por Piratas del Caribe y El código Da Vinci), y alzó algún premio notable (Globo de Oro para el vestuario y para Streep; nominaciones en los BAFTA o los Critics Choice). Sin embargo, se convirtió en un icono de la cultura pop, transformó la percepción del mundo editorial y romantizó ese periodismo, con discursos tan famosos como el del jersey azul cerúleo (que no turquesa ni marino). Su secuela se estrena ya en cines y promete ser uno de los grandes títulos del año. La preventa en EEUU supera los 20 millones de dólares, la cifra más alta de 2026; y el tráiler alcanzó más de 200 millones de visualizaciones en un día, récord histórico para la 20th Century Fox.

En la trama, las reglas del juego han cambiado. La revista Runway ya no es prescriptora de estilo: está en crisis, como toda la prensa en la era digital, frente al dominio de los algoritmos y tendencias virales. Miranda (Streep) ha perdido prestigio y poder en un mundo de redes e influencers, y lucha por la supervivencia: si antes las firmas de lujo le bailaban el agua, ahora necesita recabar apoyos y financiación. Por eso contrata como redactora jefa a Andy Sachs (Hathaway), reputada periodista de investigación desde hace dos décadas. Pero salvar la revista depende de mucho más: principalmente de Dior, el anunciante con más peso de Runway. Y resulta que la marca ahora está en manos de Emily (Blunt), que de asistente ha ascendido a alta ejecutiva. Las dinámicas se invierten, lo que da pie a frases lapidarias y réplicas como cuchillos, sin duda una de las virtudes de una película que va más allá de la nostalgia. Otra es la química entre las actrices: si la original supuso el descubrimiento de Blunt, un caramelo para Streep y un trampolín para Hathaway (hasta entonces encasillada en el género familiar), ahora esta última tiene un Oscar (por Los miserables), y la primera una filmografía impoluta. No podemos soslayar el vestuario, puro glamour, con marcas como Chanel, Dior o Gaultier; ya no se encarga de él Patricia Field, sino Molly Rogers, que la sucedió también al frente de Sexo en Nueva York. Rodada en la Gran Manzana, París o Milán, incluye cameos de estrellas como Lady Gaga.