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'Marty Supreme', un Chalamet hambriento de premios y ping pong

Poster de 'Marty Supreme', un Chalamet hambriento de premios y ping pong
Por Javier Heras

'Marty Supreme', un Chalamet hambriento de premios y ping pong

Camino de su ansiada primera estatuilla, el actor de 'Dune' se desmelena en una tragicomedia deportiva de Josh Safdie que ya le ha valido el Globo de Oro

Todo apunta a que 2026 es el año de Timothée Chalamet. El joven neoyorquino (Manhattan, 1995), que acaba de cumplir la treintena, opta por tercera vez al Oscar a mejor Actor Protagonista. Ya se quedó a las puertas en 2018 con Call me by your name -el rol que lo dio a conocer- y el año pasado con el biopic de Bob Dylan, A complete unknown. Muso de algunos de los directores más importantes del siglo (Denis Villeneuve, Wes Anderson, Greta Gerwig, Luca Guadagnino, Woody Allen) y rostro visible de superproducciones como Dune y su secuela (2021, 2024) o Wonka (2023), nunca ha escondido su ambición: "Quiero ser uno de los grandes", declaró en 2025 al recoger su galardón del Sindicato de Actores (SAG); y mencionó a leyendas como Marlon Brando o Daniel Day-Lewis. Ahora todas las quinielas lo dan como favorito al Oscar por Marty Supreme, de Josh Safdie, que ya le ha valido el Globo de Oro (en la categoría de comedia). La cinta opta a otras ocho estatuillas, entre ellas Mejor Película, Director y Guión original.

En el papel de un buscavidas de los años 50, tan arrogante como carismático, Chalamet es puro nervio. Igual que la cámara y el montaje de Josh Safdie (EEUU, 1984), en su debut en solitario como director y coguionista tras la separación artística de su hermano Ben, con el que había firmado joyas como Good Time (2017) y Diamantes en bruto (2019). Su reconocible estilo -frenético, en constante movimiento, desmesurado- se mantiene en esta tragicomedia en torno a un jugador de ping pong neoyorquino que, con tal de ascender, estafó a todo el mundo. Safdie, siempre con una mirada agridulce sobre el ser humano y sus contradicciones morales, se inspiró libremente en las memorias de 1974 del campeón de tenis de mesa Marty Reisman, al que cambia el nombre por Marty Mauser. Obsesionado con el éxito (y con conseguir el dinero necesario para el billete de avión que lo lleve a Japón para batirse con su mayor rival), no duda en aprovecharse de su familia, de una estrella del cine madura (Gwyneth Paltrow) y de una amiga a la que dejó embarazada (Odessa A'Zion), así como en enemistarse con media ciudad, que irá tras el para rendir cuentas. Marty Supreme es tanto un drama deportivo como una comedia sobre la picaresca y un profundo estudio de personaje, de alguien ególatra pero adorable, que en la piel de Chalamet fascina a la par que genera rechazo. Sus encuentros sucesivos y su huida hacia delante cobran forma con la fotografía visceral del iraní Darius Khondji (Seven, My blueberry nights, Midnight in Paris), que también aspira al Oscar, igual que el montaje vertiginoso de Ronald Bronstein, viejo amigo de Safdie y a su vez coguionista.