La versión íntegra de 'Kill Bill', tal como la concibió Tarantino

Proyectaremos en VOSE el díptico de artes marciales del autor de 'Malditos bastardos', de más de cuatro horas, sin cortes y con violencia más explícita
Quentin Tarantino llevaba más de dos décadas con una espina clavada. Cuando rodó Kill Bill (2003), su productora -Miramax- le impuso dividirla en dos partes, por razones comerciales. En vez de un solo filme de cuatro horas de duración, parecía más rentable estrenar primero el Volumen I y, al año siguiente, el Volumen II. La decisión fue un acierto comercial (330 millones de dólares sumando ambas; tercera mayor recaudación de toda su carrera, a partir de un presupuesto de solo 60 millones), pero el director y guionista no se quedó conforme. Desde este viernes, conoceremos su versión íntegra, tal como la imaginó originalmente. Kill Bill: The Whole Bloody Affair podrá verse en Cines Van Gogh a un precio de 9,50€. Esta versión no solo elimina las transiciones y recapitulaciones (ahora innecesarias), sino que añade una secuencia animada inédita (ocho minutos sobre el origen de O-Ren Ishii) y distintos retoques de Tarantino: el más llamativo, que la masacre de los Crazy 88 en el restaurante pasa del blanco y negro al color (se hizo así por pura censura, por lo gore que resultaba). Qué mejor oportunidad de disfrutar en la gran pantalla de esta oda al cine, con su suma inimitable de géneros: samurais, artes marciales hongkonesas, spaghetti western, series de los 70, manga, girls with guns...
Kill Bill dejó a muchos en shock. Hasta entonces, el nombre de Tarantino se asociaba al cine negro, tanto en Reservoir dogs (1992) como en Pulp Fiction (1994), ganadora del Globo de Oro, el BAFTA y el Oscar a mejor guión original, y la infravalorada Jackie Brown (1997). De repente, saltaba al cine de acción asiático, con infinidad de referencias de serie B, homenajes y pastiches. Eso sí, seguían presentes sus señas de identidad: el orden no lineal, la fragmentación, el virtuosismo de la cámara y la puesta en escena, los diálogos punzantes, la violencia, el eclecticismo musical, la cinefilia más apasionada. Nunca fue la favorita de la crítica ni de los premios (apenas ganó el del Público en Sitges), pero se convirtió en un icono. En el imaginario popular perduran el chándal amarillo de la protagonista, las katanas de Hattori Hanzo, el parche en el ojo de Elle Driver, el silbido de la banda sonora (una melodía de los 60 de Bernard Herrmann rescatada aquí y célebre desde entonces como politono de móvil). Aparte de regalar a Uma Thurman el papel de su vida, también devolvía a la palestra a leyendas del kung fu cinematográfico, como David Carradine, Gordon Liu y Sonny Chiba. Todo ello al servicio de una historia de venganza: la de la Novia (antes Mamba Negra), que en su propia boda en Texas sufría el salvaje ataque del Escuadrón Letal, el antiguo grupo criminal al que perteneció y después quiso dejar: Lucy Liu, Vivica A. Fox, Michael Madsen, Daryl Hannah. Cuatro años más tarde, despierta del coma y se embarca en una única misión: matarlos a todos. Uno a uno.




