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La música de Michael Jackson merecía un 'biopic' así de espectacular

Poster de La música de Michael Jackson merecía un 'biopic' así de espectacular
Por Javier Heras
Jaafar Jackson, sobrino del Rey del Pop, clava su voz y forma de bailar en un filme lleno de números icónicos que produce el responsable de Bohemian Rhapsody.

Por algo se le sigue denominando el Rey del Pop. No solo tiene en su haber el álbum más vendido de todos los tiempos (Thriller, 65 millones de copias), sino también una tonelada de premios -de los Grammy hasta los Guinness-, videoclips que parecían películas (y que impulsaron la creatividad y la inversión en vídeos musicales, así como el auge de la MTV), giras descomunales, pasos de baile inimitables como el moonwalk y, por encima de todo, decenas de canciones imborrables: Billy Jean, Beat It, Smooth Criminal, Black or White... De hecho, Michael Jackson (Gary, 1958-Los Ángeles, 2009) fue el primer artista en tener un top 10 en la lista Billboard en cinco décadas diferentes. Su legado musical merecía un biopic a la altura. Y en Michael, que llega ya a las salas de cine, se reúne un puñado de grandes nombres: para empezar, el productor Graham King (ganador del Oscar por Infiltrados), que en Bohemian Rhapsody ya llevó a buen puerto otra película sobre una leyenda, Freddie Mercury. Por otro lado, el director Antoine Fuqua, candidato al Oscar por Training Day. El guión lo firma John Logan, escritor de El aviador o Gladiator. Ya solo faltaba lo más importante: el protagonista.

Para interpretar al mismísimo Michael Jackson sin caer en la caricatura, hay que reunir infinidad de virtudes: no solo cantar como él (un tenor prodigioso con un dominio absoluto de todos sus registros, incluido el falsete), sino también moverse como él (a Jacko se le consideró uno de los bailarines más influyentes del siglo XX junto con Fred Astaire) y, por supuesto, hablar como él, clavar sus gestos y manierismos, resultar creíble. Por eso, lo que consigue Jaafar Jackson solo puede calificarse de portentoso. Lógicamente, saca partido al enorme parecido físico, ya que el actor es sobrino del cantante (hijo de su hermano mayor Jermaine Jackson), pero su trabajo va más allá de los genes. El filme arranca en su infancia, con los Jackson 5, que sufrieron la explotación de su propio padre (aquí, un gran Colman Domingo), y continúa durante dos décadas con su ascenso en solitario, hasta un hito como Bad. Los números musicales, magnéticos y repletos de energía visual, son la mayor virtud de este biopic. En ellos parece evidente la buena mano de Fuqua, un director que empezó su carrera en el mundo del videoclip (para Prince o Stevie Wonder), su sentido del ritmo y el dominio del medio. Michael encadena momentos icónicos y está concebida, por tanto, como regalo para los fans. Lo único que no encontraremos en ella es algo de crítica o de claroscuros, no precisamente escasos en la vida de Jackson. Resulta que en la producción está involucrada toda la familia del artista, sus herederos y, más importante aún, sus abogados, protectores de un legado multimillonario (aún hoy más rentable que el de Elvis o los Beatles).