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El síndrome de Tourette: mucho más que gritar tacos sin querer

Poster de El síndrome de Tourette: mucho más que gritar tacos sin querer
Por Javier Heras
'Incontrolable' ha triunfado en Reino Unido y ganado tres BAFTA, entre ellos mejor actor para Robert Aramayo. Esta comedia británica cuenta la historia real de John Davidson

Creemos conocer el síndrome de Tourette, ese que provoca soltar obscenidades sin control ni voluntad. Y sí, a veces de puro incómodo puede resultar hasta gracioso, pero conviene tomarse en serio tanto a sus pacientes como los problemas que acarrea para ellos y sus familias. Incontrolable, que se estrena ya en Cines Van Gogh, profundiza en ello a partir del caso real del escocés John Davidson. Con un enfoque a caballo entre la comedia y el drama social, nos conmueve desde la empatía y la compasión, sin evitar las zonas sombrías, e invita a reír sin nunca parodiar. No solo ha arrasado en taquilla en Reino Unido (un millón de espectadores), sino que se ha convertido en un fenómeno nacional, casi equiparable al de la mítica Full Monty (1997). Aparte de implicar a todo un país en la pedagogía sobre la enfermedad, le ha valido el BAFTA a mejor actor a Robert Aramayo. Este joven actor, hasta ahora poco conocido (era el elfo Elrond en la serie Los anillos del poder, y el joven Ned Stark en los flashbacks de Juego de tronos), se impuso a favoritos como Timothée Chalamet, Ethan Hawke o el luego ganador del Oscar, Michael B. Jordan.

En su adolescencia en los años 80, Davidson empezó a sufrir espasmos, tics motores y a perder el control de lo que salía por su boca (generalmente insultos, tacos, barbaridades sin filtro). Frustrado por no entender lo que le sucedía, el hecho de que le diagnosticaran Tourette no ayudó: esta enfermedad incurable se reconoció como trastorno neurológico en 1985, pero siempre ha generado rechazo social. Sus padres se separaron, su madre le culpó a él de ello y solía castigarle; en el instituto siempre tenía conflictos con los compañeros; en la calle, con las autoridades o con desconocidos a los que ofendía con sus comentarios. Cuarenta años después, seguimos sin saber casi nada de lo que sufren sus pacientes o de cómo ayudarlos: lo preferible es ignorar los tics, nunca responder a ellos (aunque sea con humor o cariño). Por eso, Davidson lleva décadas volcado en concienciar a los demás sobre el Tourette. Ya participó en un documental, John's not mad ("John no está loco"). El director Kirk Jones (Todos están bien) lo vio y le emocionó tanto que decidió escribir y rodar Incontrolable. Para financiar el filme, vendió su casa y pidió un préstamo, con tal de no depender de una productora externa que, previsiblemente, censuraría el lenguaje malsonante. También implicó al propio Davidson como productor ejecutivo, para que tuviera voz en todas las fases del proyecto (y revisarlas si algo no funcionaba). Por supuesto, incluyeron la escena en la que, frente a la Reina Isabel, que lo condecoraba como caballero del Imperio Británico por su labor, él gritó: "Fuck the Queen!".