De vuelta al planeta Pandora en el espectáculo del año: Avatar 3

De vuelta al planeta Pandora en el espectáculo del año: ‘Avatar 3’
La saga de James Cameron continúa con nuevos escenarios y personajes, entre ellos una tribu violenta que domina el fuego. Ya en nuestros cines, con sesiones también en 3D
Si en los últimos años Tom Cruise se ha convertido en el mayor embajador del cine en salas, hay un realizador que lleva toda su carrera predicando con el ejemplo: James Cameron. El visionario canadiense (1954) tiene en su haber algunos de los mayores fenómenos jamás rodados: prodigios técnicos como Abyss (1989), Terminator (1984), Aliens (1986), Terminator 2 (1991) o, por supuesto, Titanic, que en 1997 consiguió 11 Oscar y se convirtió en el filme más taquillero de todos los tiempos. Hasta que lo superó su siguiente proyecto, Avatar (2009), con una tecnología 3D absolutamente revolucionaria. Desde entonces, Cameron ha seguido desarrollando el universo de los Na’vi, esas criaturas azuladas unidas en armonía con la naturaleza, así como los apabullantes escenarios del planeta Pandora. La secuela tardó diez años en llegar (2022), con un asombroso mundo submarino, y ahora se estrena Avatar: fuego y ceniza, tercer capítulo de la saga, con nuevos personajes, criaturas, acción y batallas. Ya puede disfrutarse en nuestros cines, con sesiones en HD y también en 3D (aviso: en estas últimas, si no tienes gafas 3D puedes comprarlas en nuestra taquilla física a 1,50€).
Después del desenlace trágico del segundo episodio, la familia de Jake Sully (Sam Worthington) y su mujer Neytiri (Zoe Saldaña) afronta el duelo por el hijo mayor, que se refleja también en la educación que dan al resto de la prole, quizá demasiado estricta. Mientras, sufren nuevas amenazas: no solo los colonos humanos, siempre a la caza de los recursos naturales de su planeta, sino una nueva tribu Na’vi muy violenta que domina el fuego: se llaman Pueblo de las Cenizas y los lidera Varang (Oona Chaplin). A diferencia del clan del bosque (Omatikaya) y el acuático de los arrecifes (Metkayina), estos rechazan el pacifismo y se sienten desconectados de Eywa (la deidad de la naturaleza de Pandora), a la que culpan de haberlos dejado de lado cuando la necesitaban. Como se ve, los conflictos de la saga la conducen a una narrativa más oscura. Eso sí: el principal atractivo de Avatar siempre será, por encima de su historia, su despliegue visual. Un festín de proporciones épicas, un espectáculo inmersivo cada vez más logrado gracias a los avances en efectos digitales y en captura de movimiento. Entre sus inspiraciones, Cameron no esconde la influencia de los videojuegos o del anime, y sigue lanzando una moraleja a favor del medio ambiente y de la unión de la familia. Por cierto, el director justificaba en una entrevista la larga duración (3 horas y 17 minutos): “En mis proyectos no existen escenas secundarias que eliminamos porque no son tan buenas. Solo lo hacemos si no impulsan la historia”.




