Los castores devuelven a Pixar el trono del cine de animación

'Hoppers', nueva producción de los estudios de 'Toy Story' es una comedia ecologista llena de humor desenfrenado, plasticidad visual y personajes con carisma
Después de una larga racha de secuelas, spin offs y estrenos directamente a streaming, Pixar parecía haber perdido su aura infalible. Esa que convertía cada nueva producción en un acontecimiento y una garantía de calidad: Toy Story, Los increíbles, Ratatouille, Wall-E, Up, Del revés... Por eso, Hoppers supone una grata sorpresa. Porque no solo recupera el trono del cine de animación, sino sobre todo el sentido del riesgo y de la originalidad. Esta comedia ecologista tan divertida como emocionante tiene todo lo que se le puede pedir, empezando por una historia propia (ni remake, ni continuación; enteramente nueva). Trata de una joven apasionada por la naturaleza que quiere salvar su amado bosque de una nueva carretera. Para ello, se logra infiltrar entre los animales en forma de castor robótico, transfiriendo su conciencia al cuerpo de un roedor, lo que le permite comunicarse con todas las especies, entender su mundo desde dentro e incluso hablar su idioma. El punto de partida recuerda, obviamente, a Avatar, incluso se subraya desde el guión con sarcasmo; pero el desarrollo se aleja del filme de James Cameron. Desde su tono de humor desenfrenado y caótico, Hoppers reflexiona sobre la naturaleza con una profundidad moral y filosófica que nunca esperaríamos en películas familiares.
Si Hoppers resulta tan refrescante se debe a muchos factores. El primero salta a la vista ya en los títulos de crédito: sus responsables son dos nuevos talentos que Pixar ha incorporado a su cantera creativa. El joven director Daniel Chong se labró su reputación con la desternillante serie Somos osos, que creó para Cartoon Network, mientras que el guionista Jesse Andrews triunfó en el festival de Sundance con la joyita indie Me and Earl and the Dying Girl, que escribió a partir de su propia novela. ¿En qué se reflejan estos fichajes de oro? Por un lado, en el apartado estético. Si las últimas producciones de la casa tendían a un estilo más bien conservador (Elio, Luca), en Hoppers hay una búsqueda constante del movimiento, de la plasticidad visual. No solo en las texturas del mundo natural (el agua, las hojas), sino en encuadres más atrevidos y casi experimentales, una cámara vibrante, un montaje dinámico. El conjunto es sensorial más que realista. Por otro lado, el argumento contiene personajes llenos de carisma y empatía, un tono de comedia delirante con la pizca justa de emoción, una narrativa ambiciosa con grandes dosis de aventura, ritmo, giros audaces, calidez. Tampoco podía faltar una moraleja sobre la amistad, el aprendizaje y el equilibrio de la naturaleza. Hoppers hará disfrutar por igual a adultos y pequeños, y con sus imperfecciones se reivindica como uno de los proyectos más nobles y meritorios de toda la filmografía de Pixar.




