'Backrooms', un fenómeno viral que renueva el género de terror

El jovencísimo Kane Parsons, venido de YouTube, arrasa en taquilla y seduce tanto al público Gen Z como a la crítica con un laberinto asfixiante de oficinas vacías
Aún es pronto, pero Backrooms va camino de convertirse en el mayor hito de la Historia del terror. En su primer fin de semana en EEUU, ha alcanzado el primer lugar del ranking y ha recaudado ocho veces lo que costó: 80 millones de dólares, con un presupuesto de apenas 10. En su país ya es el filme más taquillero de la productora A24, por delante de otros mucho más caros, como Marty Supreme o Todo a la vez en todas partes. Pero sus logros no quedan ahí: esta ópera prima la firma un youtuber de apenas 20 años, Kane Parsons, conocido por su alias (Kane Pixels), que la empezó a rodar como menor de edad después de haber creado una serie de vídeos virales en la plataforma. Su estilo ha enamorado tanto al público Gen Z (mayoritario en las proyecciones) como a los productores que apostaron por él (James Wan, director de Saw o The Conjuring; y Osgood Perkins, responsable de Longlegs) y también a la crítica, fascinada por esta mezcla de horror y ciencia ficción. La premisa nació como creepypasta, esos misterios paranormales que los foros y redes sociales convierten en leyendas urbanas (el caso más conocido es el de Slender Man): un laberinto de oficinas vacías, una especie de escape room inquietante sin principio ni fin. Aquí, más que sustos, lo que nos angustia es el uso del espacio, lo que se conoce como "horror liminal".
Si la serie Backrooms (2022) consistía en episodios muy cortos y casi abstractos, con abundancia del found footage (a lo Bruja de Blair) y de perspectiva en primera persona, en su traslado a la gran pantalla Parsons ha apostado por incluir a dos protagonistas. Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud) encuentra por casualidad, en el sótano de una tienda de muebles, un universo paralelo aparentemente infinito, con aburridas paredes amarillas, luces fluorescentes, pasillos asépticos y objetos que se acumulan. Un lugar asfixiante que a la vez le fascina; tanto, que se lo cuenta a su psicóloga. Ella es la noruega Renate Reinsve, la actriz de moda: conocida por La peor persona del mundo, acaba de optar al Oscar por Valor sentimental y está también presente en la última Palma de Oro de Cannes, Fjord. De la trama apenas se puede contar más, porque la fuerza de Backrooms es su ambigüedad y desasosiego, su ausencia de explicaciones, su poder inmersivo -no lejano a los videojuegos-, su terror psicológico. En el guión han colaborado veteranos como Will Soodik (Ash vs. Evil Dead) y Roberto Patino (Westworld, Sons of Anarchy), aunque tanto las ideas como los enfoques nacen de la mente privilegiada de Parsons, un apasionado del terror que maneja sus códigos con maestría y hasta madurez (el uso del espacio recuerda a Lynch o a Charlie Kaufmann). Del mismo modo, parece haber captado el signo de nuestro tiempo y sociedad: la ansiedad, la depresión, la claustrofobia. Backrooms, tan sensorial como densa y opresiva, reta al espectador, esquiva las respuestas fáciles y demuestra una vez más -como hicieron Sinners, Háblame o Weapons- que el terror es, hoy día, el género que propone narrativas, formatos y conceptos más ambiciosos.




