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Vuelve (a) Van Gogh

No hay nada como la magia de las películas en pantalla grande

Vermeer, El Greco y otros genios del arte, en una nueva temporada de documentales

Este otoño indagaremos en figuras como la mexicana Frida Kahlo o el francés Paul Gauguin, así como en la colección incomparable del museo Hermitage de San Petersburgo

La última entrevista de Pau Donés, en el documental ’Eso que tú me das’

El cantante de Jarabe de Palo y el periodista Jordi Évole, dos buenos amigos, se despidieron con una conversación inolvidable que se podrá ver en nuestros cines a partir del miércoles 30

Todos los lunes Versión original a 4 euros

Todos los lunes (excepto festivos) proyectamos películas en Versión Original y, lo mejor, a 4 euros la entrada.

Juan Diego Flórez se va de ‘rave’ en La Scala

En el moderno montaje milanés del ‘Orfeo y Eurídice’ de Gluck, el peruano alcanza su madurez como tenor. El jueves 12 de noviembre a las 19.00 se podrá ver en Cines Van Gogh

Puccini en el cabaret de Moulin Rouge

‘Manon Lescaut’ regresa a Londres después de tres décadas de ausencia. Con Jonas Kaufmann, Kristine Opolais y una rompedora escenografía de Jonathan Kent. Jueves 26 de noviembre en nuestros cines

La magia de Harry Potter regresa a los cines

Un ciclo especial recorre de principio a fin la saga basada en J.K. Rowling. Cada fin de semana, dos películas, con pases en versión doblada y v.o. subtitulada

El centenario del debut de Chaplin y la amistad entre una artista y el ladrón de sus cuadros, este fin de semana en cines

‘El chico’, primer largo de Charlot, regresa a las salas restaurado en 4k. Desde este viernes, también en cartel el especial Premios Goya y el documental premiado en Sundance ‘La pintora y el ladrón’

Julián López en una comedia flamenco-trap del salmantino Carlos Therón

Un policía se infiltra como teclista en la banda que amenizará la boda de un narcotraficante. ‘Operación Camarón’ es el estreno español del verano

Netrebko, el vestido rojo y una ‘Traviata’ histórica

Cines Van Gogh recupera la ópera este jueves 4 de marzo. Desde Salzburgo, que celebra su centenario, el drama más popular de Verdi, con la soprano rusa y el tenor Rolando Villazón

La obsesiva perfección de Edgar Degas

archivado en: Estrenos

Desde el sorprendente museo Fitzwilliam de Cambridge, un repaso a la carrera del impresionista francés, que capturó el movimiento de las bailarinas de ballet. En cines los jueves 24 de junio y 1 de julio

En Cambridge no solo se encuentra la universidad más prestigiosa del mundo, sino también una pinacoteca improbable: el Fitzwilliam. La localidad, unos 80 kilómetros al norte de Londres, presume del “mejor museo pequeño de Europa”, en palabras del director de la mismísima National Gallery. Fundado en 1816 por el vizconde Fitzwilliam de Merrion, este edificio neoclásico debe su interés a las antigüedades (egipcias, griegas, bizantinas), a los lienzos de Rubens o Renoir y, por encima de todo, a su completísima colección sobre Degas.

El pintor y escultor parisino Hilaire-Germain-Edgar de Gas (1834-1917) prefería autodenominarse “realista”, pero se le considera uno de los maestros del Impresionismo. Llevó a sus más altas cotas los principios de la corriente que encabezaron Monet o Pissarro: la captura del instante, la vida cotidiana, la fluidez, el movimiento. Hijo de un banquero que le insistía en estudiar Derecho, era un hombre moderado, tímido y solitario que -a diferencia de sus coetáneos- no sacó el caballete al exterior. Sin embargo, anticipó las vanguardias al sustituir a los viejos héroes (mitológicos, religiosos, históricos) por figuras actuales: jinetes de carreras, trabajadores, lavanderas y, cómo no, esas bailarinas de ballet a las que lo asociaremos para siempre.


Nunca le atrajo el paisaje ni el bodegón, sino las personas: “Es el observador más agudo de la naturaleza humana que ha tenido el arte desde Rembrandt”, señala el especialista Robert Flynn Johnson. Fascinado por la anatomía y el desnudo, representó a bañistas sin idealizarlas, mientras se secaban o peinaban, con un ojo muy fino para los detalles mundanos. De ahí la sensación de veracidad y hondura psicológica que transmite. En el café (1875), probablemente inacabado, presenta a dos mujeres que conversan en una mesa. Apenas distinguimos quiénes son, pero sí percibimos la tensión del diálogo, su naturalidad. Esa dinámica era lo que le interesaba.

En el centenario de su muerte, el museo Fitzwilliam expuso sus lienzos, dibujos y bronces, a los que sumó más de 50 préstamos de otras colecciones públicas y privadas de Europa y EEUU: pasteles, bocetos, grabados, cartas, óleos… Algunas obras nunca se habían mostrado públicamente, como las que pertenecieron al economista John Maynard Keynes, que las adquirió en París en 1918, durante la I Guerra Mundial. Ese año, poco después de la muerte del artista, salió a la luz una gran sorpresa. En su taller se encontraron hasta 150 estatuillas, elaboradas con los materiales menos ortodoxos. Enemigo del bronce, Degas utilizaba arcilla, alambres, corchos de botellas de vino, plastilina. La mayoría se fundieron en bronce, pero todavía se conservan algunas en cera, que nunca se habían exhibido debido a su fragilidad.

Nuestros cines proyectarán los jueves 24 de junio y 1 de julio un documental del realizador David Bickerstaff, responsable de Miguel Ángel, Pintando el jardín moderno y Canaletto en Venecia. Este monográfico se centra en la  búsquedaconstante de la perfección. A Degas le costaría la salud, tanto física (tuvo problemas de vista) como mental: siempre se avergonzaba de sus fracasos y nunca estaba satisfecho con sus progresos. No solo dibujaba incesantemente y experimentaba con las composiciones y poses, sino que  sin parar, añadía, quitaba, se resistía a poner el punto final. A su vez, trataba de aprender de los maestros pasados: El Greco, los renacentistas italianos, los flamencos del XVII, su compatriota Delacroix, su ídolo Ingres… La exposición también prestó atención a la huella que dejaría en sucesores como Picasso (a quien le marcaron sus bañistas y el ambiente denso de los burdeles), Bacon, Sickert, Freud y Auerbach.


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