Benedetta, la monja lesbiana del provocador Verhoeven

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El director de ‘Robocop’ y ‘Elle’ se atreve con un valiente thriller erótico situado en un convento del siglo XVII. En versión doblada desde hoy; y el lunes en v.o. subtitulada a 4€

Pasan las décadas y Paul Verhoeven sigue siendo uno de los cineastas más transgresores del mundo; nadie diría que ha cumplido ya 83 años. A sus espaldas, obras maestras de toda índole, de Robocop a Desafío total. Y una palabra asociada a su nombre: escándalo. El thriller erótico es su género predilecto; cuanto más retorcido, mejor. Después de Delicias turcas, Showgirls, Instinto básico o la extraordinaria Elle, ha vuelto con Benedetta. Desde su presentación en Cannes -donde no alzó ningún premio, aunque fue una de las favoritas de la crítica-, ha despertado protestas en todo el mundo. Comunidades católicas se manifiestan contra esa “película blasfema de monjas lesbianas” (sic). ¿Es para tanto? Sí. ¿Tienes que verla? También. Desde este fin de semana en cartel, y el lunes en versión original subtitulada por 4€.

En un convento italiano del siglo XVII, la hermana Benedetta se ha criado en el rigor de la fe. Ya adulta, tiene visiones y sueños relacionados con Cristo, dice ser capaz de hacer milagros e incluso muestra estigmas en su cuerpo. Todo esto coincide con su despertar sexual, a raíz de la llegada de una novicia (Daphne Patakia) con la que pronto experimentará el placer. Su misticismo heterodoxo amenaza el poder establecido, de la madre superiora (Charlotte Rampling) al mismísimo Vaticano. ¿Santa?, ¿farsante?, ¿revolucionaria? Mientras, una plaga diezma la población del país: la peste.


El neerlandés Verhoeven lo narra con valentía, irreverencia, ritmo y humor. Solo él podía atreverse a mezclar la crítica social, la religión, la moral, la escatología y el feminismo, a partir de la novela Immodest Acts, de Judith C. Brown. No se parece a nada; es tan hortera como irresistible y, sobre todo, rabiosamente entretenida. Ayuda (mucho) su descomunal protagonista, Virginie Efira (Pastel de pera con lavanda), en un cambio de registro que nos deja con la boca abierta, acostumbrados como estamos a sus comedias blancas.


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