Con 'La bola negra', los Javis pueden darle el Oscar a España

Ganadores en el Festival de Cannes y en Toronto, Ambrossi y Calvo rinden homenaje a Lorca y defienden la memoria y la libertad en un ambicioso relato en tres épocas
Que La bola negra iba a ser un hito para nuestro cine pudo empezar a intuirse cuando Glenn Close (sí, la mítica actriz de Las amistades peligrosas o Atracción fatal, ocho veces candidata al Oscar) apareció en Madrid para rodar con Los Javis. ¿Siguiente indicio? Cuando el Festival de Cannes seleccionó la película dentro de su Sección Oficial, y no en Un Certain Regard o en la Quincena de Realizadores, que es donde suelen concursar los autores con poca experiencia. Javi Ambrossi y Javi Calvo solo contaban con un largometraje (La llamada, 2017, adaptación de su obra de teatro) y con tres series brillantes: Paquita Salas (2016), Veneno (2020) y La Mesías (2023). Más que suficientes como para desarrollar un estilo propio, un tono único, rabiosamente personal, tan provocador, excesivo y kitsch como tierno y humano. Y entonces llegó Cannes, con sus largas ovaciones y su premio a Mejor Dirección, que solo habían obtenido en 79 ediciones Buñuel (1951) y Almodóvar (1999). Casi nada.
La pasada semana, dos nuevos logros: Premio del Público en Toronto, como antes Hamnet (2025), Belfast (2021), Nomadland (2020), Green Book (2018) o La La Land (2016), que luego triunfarían en los Oscar. Eso tal vez suceda en 2027, porque la Academia de Cine la acaba de seleccionar para representar a España. Pero la categoría Internacional quizá se les quede corta esta vez: las quinielas apuntan a que podrían optar a bastantes más premios de Hollywood, incluido el de Mejor Película, algo a lo que nunca ha aspirado un nombre español. Ni siquiera Almodóvar, que sí ganó a Mejor Guión y optó a dirección con Hable con ella. El manchego, por cierto, produce La bola negra a través de su compañía El deseo.
Con semejante hype, muchos se preguntarán: ¿es para tanto? Respuesta: sí. Los Javis, directores y guionistas, se atreven a todo en este homenaje a Federico García Lorca, un canto a la libertad, el amor, la justicia y la memoria, que engarza tres épocas y tres historias: en 1932, un joven de Granada (Milo Quifes) se postula como nuevo miembro del Casino de la ciudad, pero la mayoría vota en su contra -con las bolas negras del título- por los rumores de su homosexualidad. En 1937, durante la Guerra Civil, un soldado franquista de Cantabria (Guitarricadelafuente, en su asombroso debut como actor) custodia a un prisionero republicano (Miguel Bernardeau), que en sus últimas horas le confiesa un secreto. Finalmente, en 2017, un historiador actual (Carlos González) indaga en sus propias raíces tras la muerte de su abuelo. No tuvieron relación porque había abandonado a su madre (Lola Dueñas), pero parece ser que le ha dejado como herencia un documento que lo cambiará todo. El guión, muy complejo, se inspira por un lado en La bola negra, una novela de 1936 que Lorca escribía cuando lo asesinaron, la primera en la que presentaba a un protagonista abiertamente gay; y por otro lado en la obra teatral La piedra oscura, de Alberto Conejero, premio Max en 2016. Pero el filme va mucho más allá: está lleno de secuencias antológicas, set pieces de una creatividad y una ambición visual sorprendentes, desde el arranque (el bombardeo del ejército italiano al pueblo) a la fantasía onírica en la nieve o, cómo no, los dos números musicales de Penélope Cruz, puro carisma en la piel de una cupletista. Y, claro, la aparición de Glenn Close, en el papel de una hispanista de EEUU apasionada por la trágica historia de nuestro país..





